El Narrador

El Narrador
Alexander Chaucer. 1751- ¿? (2da vida)

Cáp 19: La mañana con Madame Le pupe

martes 15 de marzo de 2011

 

Madame "Le pupe" era la dueña de la Boutique "Perfum eu Jazmín". Era una respetable dama cuando se trataba de asuntos glamorosos y de alcurnia, pero una de las peores zorras a la hora de tratar asuntos monetarios. Contaba con 43 años de edad, 25 de los cuales había vivido en París y los otros 18 los había consagrado a mantener su fuente de ingresos rentable en Norteamérica. Era del tipo de mujer del que se puede usufructuar si se le seduce bien y si mal lo recuerdo, así fue como conseguí el trabajo de peluquero en la boutique. Madame Le pupe, físicamente no tenía mucho que ofrecer salvo por sus prominentes pechos que la hacían lucir mucho mas delgada y escuálida de lo que ya era. Sus facciones faciales eran agudas como esculpidas con cincel en roca y el tiempo ya hacía estragos en su rostro marcando algunas arrugas alrededor de sus ojos y boca que se hacían más notorias cada vez que se enojaba o sonreía y que aparte, las cremas perfumadas que usaba no lograban disimular en lo absoluto. Por lo general, vestía como cortesana antigua, con largos y ajustados vestidos, sentía un cierto fanatismo por el uso del corcé y los pequeños sombreros con tul cayendo para cubrir parte de la cara, además del infaltable labial color rojo carmesí y el polvo pálido para ocultar las manchas de la inevitable vejez.

Ciertamente era todo un espectáculo verla en las aceras atestadas de citadinos con jeans y polleras ajustadas. Su figura se recortaba a si misma y era fácil de ubicar entre la multitud aunque uno no quisiera, bueno, es que su atavío anticuado la hacían extravagante entre la inmensidad de neoyorquinos modernos y, supongo, que es por esta razón que prefería estar arriba en su oficina contando cada centavo en vez de pasearse por allí como señora pagada de sí misma.


Cuando abrimos la boutique esa mañana, ella apareció como un fantasma ya adentro del local. Su lívida expresión por un momento me hizo confundirla con uno de nosotros, pero el sonido de su corazón marchito y el olor a vodka barato delataron el verdadero estado de mi jefa. Madame Le Pupe estaba lo suficientemente ebria como para tambalearse dentro de su oficina ofreciendo les insultos a todos los transeúntes que por debajo de su ventana en el segundo piso pasaban, pero también estaba lo suficientemente consciente como para darse cuenta de que yo regresaba al trabajo luego de dos días de ausencia sin aviso previo... enojo , despecho y alcohol son mala combinación y peor aun cuando el que bebe es una mujer... ¡Já! no lo digo por ser machista ni mucho menos misógino, sino porque sé que las mujeres tienen los sentidos y sentimientos más a flor de piel que los que se dicen verdaderos hombres.
La dueña del local no paró de insultarme y de amenazar con despedirme, lo que personalmente, no me interesaba en lo absoluto, sin embargo, Max parecía opinar distinto e intervino en mi favor tratando de convencer a nuestra jefa aludiendo a argumentos estúpidos y faltos de fundamentos donde yo figuraba como la mayor parte de los ingresos y las manos preferidas por la clientela. En cierta forma calmo a la mujer que al parecer habría tenido problemas con su tercer esposo o algo similar, cuando entró a su oficina dejándome a mí fuera de ella.

Esperé por 15 minutos sentado en el pasillo, la puerta de la oficina estaba cerrada. Desde fuera podía oír el revuelo de papeles y unas risitas calladas. Me imaginaba lo que el pequeño Max estaba haciendo en un intento para que yo no terminara despedido: ofrecer cuotas carnales... carne suya, carne inmortal con matices infantiles... pero en verdad no era necesario, sabía como arreglármelas bien sin un trabajo y mejor aun, cómo conseguirme otro. No obstante, el movimiento dentro de la habitación en frente mío no paró por más que respirara sonoramente para no escucharlo y, al cabo del cuarto de hora, la puerta se abrió chirreando con Max tras ella. Salió de la oficina con una expresión inescrutable en el rostro y se dirigió hacia la escalera para bajar por ellas sin siquiera voltearse una sola vez. Su paso dejó un aroma a vodka y perfume de mujer en el aire ¿Max volvería a ser diferente? Bajé la cabeza y no la levanté hasta que vi los pies de Madame Le Pupe en nel dindel de la puerta.

-Pasa, Alex - dijo en tono jovial. Aun se tambaleaba y sus cabellos estaban revueltos. Su expresión dura se había esfumado de su cara y en cuanto noté esa alegría quise saltarle encima de la pura rabia que sus impúdicos actos produjo en mí... un escape de celos quizás, ya que había profanado a mi amigo... a mi Max... pero me contuve y apretando los puños entré sin decir nada. Había sido decisión de Maximilian arriesgarse y entregar su cuerpo de esa manera tan pueril e insensata. En ese momento mordí y trague furia, no sé porque siendo que desde hace un par de días la presencia del pequeño Max se me hacía una carga más... pero ahora, las cosas podían ser diferentes.

-Toma asiento por favor- se fue detrás de su escritorio que en ese instante estaba vacío, los papeles, el calendario y unos lapices estaban esparcidos por allí en el suelo. Inspiré al ver donde seguramente se habían llevado a cabo sus actos libidinosos. Seguí conteniéndome.

-Max me ha convencido (de una manera no muy ortodoxa)- rió pícaramente- de no despedirte ya que, según él, eres lo mejor que tengo en la beutique - ¡Maldición! ¿por qué no se callaba? apreté mis garras contra los bordes de la silla, para ver si podía sujetarme en caso de que un impulso me hiciera rebanarle el cuello.
-Así que no cometas otra estupidez de esas, porque de todas formas esteré vigilandote- ¡Francesa de cabaret! sin estar satisfecha con... los "servicios" de Max, al salir de la oficina me acompañó hasta la escalera y noté como sus ojos se desviaban a mi entrepierna. Bajé gruñendo, deliberando en regresar y asesinarla en esa mugrosa oficina, sacarle los intestinos por el vientre y reír enardecidamente por la venganza consumada bajo una orgía de sangre y vísceras reventadas bajo mis pies... pero me tranquilicé, siempre habría tiempo para crimines en la noche y después del día de pago.


1 Suspiros:

ρєqυєñα уυвι* dijo...

No creas que no he visto esto, sólo estoy esperando el momento más adecuado para leerlo y obviamente leer un poco de los anteriores para situarme y entenderlo, oko?

Ya se viene el comentario Feña ;D ♥